miércoles, 7 de diciembre de 2011

La Educada Educación

Puedes que te dieras cuenta que en el mes natural de Noviembre no escribí nada. Debo disculparte pues no sabes que me quitaron una semana del mes, por lo que para mí ahora mismo es Diciembre-Noviembre.
 

Ergo, no llego tarde al blog (¡malpensado!)
 

Más adelante, en la entrada de Diciembre-Diciembre, os contaré más detalles acerca del robo/intento de secuestro y las malas artes que intentaron usar para ello.



Realizada la aclaración, empiezamos con la entrada de Diciembre-Noviembre.

Hace relativamente poco, cuando iba camino del trabajo, tuve un pequeño percance consecuencia del mal estado del asfalto, la lluvia, las hojas bucólicas de otoño que inundaban la calzada y que mi subconsciente aún no acaba de aceptar que no somos Superman. Consecuencia de todo esto, acabe haciendo aquaplaning con la postura de vuelo del kriptoniano y con la moto a la espalda.

En cuanto acabé de patinar, me incorporé, levanté la moto practicamente al peso y la aparqué en la acera (esto último lo hizo mi subconsciente sólo para intentar rebatir la hipótesis de que no eramos Superman...).

Cual fue mi sorpresa, cuando se me acercó un autobús, se abrió la puerta y el conductor amablemente me preguntó si estaba bien (por experiencias malas anteriores con tobuseros y taxistas), entré en shock. Asentí, medio mudo y salí corriendo a la oficina, que estaba a 3 metros de donde aparqué la moto.

Posteriormente, ese mismo día, quedé con el señor-de-la-grúa para que llevaran a Yosu (la moto) al médico. En el momento en el que ibamos a sacar la moto para subirla a la grúa, una señora taxista sonriente tuvo a bien cedernos el paso para que pudieramos hacerlo (¡cuanta amabilidad en un mismo día!)

Sacamos la moto a la carretera.
Empezamos a oir bufidos

Bajamos la rampa de la grúa.
El ruido de los bufidos empieza a hacerse algo estridente.

Montamos la moto a la grúa y empezamos a atarla.
Los bufidos estridentes se definen y resulta ser la señora taxista sonriente que ya no sonreía.

Es más, empezó a gritar y maldecirnos pues no le habíamos dicho que ibamos a subir la moto, que le podríamos haber dejado pasar y algunas alusiones a nuestras respectivas familias.
No lo recuerdo bien, porque estaba en shock, pero por su razonamiento ahora mismo diría que era rubia, pues no supo llegar a la conclusión correcta al sumar moto rota, señor-de-la-grúa con mono azul, grúa y persona hecha polvo.



Lo primero comentar que este hecho, no fue suficiente para que me dieran la baja (tendré que seguir probando).
Pero a parte, podemos comprobar lo importante de la educación: el tobusero se detuvo a ayudarme por educación, no porque le importara yo como persona un pepino (no puedo importarle, pues no me conoce. Él se lo pierde) y supongo que si hubiera necesitado algo, como un trasplante de médula, por educación, me hubiera ayudado. Mientras que la señora taxista no nos pasó al señor-de-la-grúa y a mí por encima con el coche porque se hubiera roto los bajos aunque curiosamente no tardamos ni 5 minutos en realizar esta maniobra...

Así que la próxima vez que veas a alguien tirado en la calle, no tengas corazón, pero podrías tener un poquito de educación, ¿no?

1 comentario:

  1. Qué bueno... Esto me recuerda a un sábado en la entrada de una tienda de zapatos que se llama Ulanka que está haciendo esquina con la plaza del Callao. Conglomeración de gente por doquier pero me llama la atención un grupo especialmente populoso en la entrada de dicha tienda, así que me acerco a ver si había algún artista callejero haciendo algo bonito.

    El artista en cuestión resultó ser un chico de unos 27 o 28 años con unas bolsas de compras que estaba artísticamente en el suelo teniendo un ataque epiléptico. Todo el mundo miraba y hacía fotos pero nadie ayudaba.... Cuando me acerqué para sujetarle la cabeza apareció el guarda de seguridad que me apartó y procedió a sacarle la lengua de la boca y demás movimientos de salvamento que se realizan en estos casos. La gente empezó a dispersarse ya que el chico dejó de convulsionar. Esperando me quedé a la ambulancia y el guarda de seguridad me dijo, ya está todo controlado, ya te puedes ir (como si hubiera acudido por obligación y no por preocupación) el caso es que le dije que no quería irme hasta saber si el chaval estaba bien y el guarda me dijo que le diera mi número de teléfono si quería para que me avisara después pero que allí no me podía quedar porque entorpecía la entrada y atraía curiosos....

    A veces el mundo no te deja ser persona. ^-^U

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